Te han dicho que tienes artrosis de tobillo y das por hecho que acabarás en el quirófano. No necesariamente. Muchas personas controlan el dolor durante años con ejercicio, ortesis e infiltraciones, y la cirugía se reserva para cuando estas medidas ya no bastan.
Es el desgaste del cartílago de la articulación entre la tibia y el astrágalo. Al perderse cartílago, el hueso queda más expuesto, aparecen osteofitos e inflamación, y la articulación transmite peor las cargas. Da dolor, rigidez e hinchazón al caminar o estar de pie mucho rato.
A diferencia de la cadera o la rodilla, la artrosis de tobillo casi nunca es «por la edad». En la mayoría de los casos es postraumática: secuela de una fractura antigua o de esguinces e inestabilidad mal resueltos. Por eso afecta a personas relativamente jóvenes. Las deformidades del eje (el tobillo que carga más hacia dentro o hacia fuera) también concentran el desgaste en un lado.
La prueba básica es la radiografía en carga (de pie), que muestra el pinzamiento del espacio articular, los osteofitos y la alineación. El TC y la resonancia se usan para detallar el hueso y el cartílago. La valoración funcional (dolor, movilidad, marcha) la hacemos en la clínica; el diagnóstico se apoya en la imagen del médico.
El objetivo es controlar los síntomas y retrasar la cirugía, no regenerar el cartílago:
— Educación, control del peso y ajuste de la actividad: evitar el impacto repetido; un bastón puede descargar una parte del peso.
— Ejercicio y fisioterapia: fuerza, movilidad, equilibrio y reeducación de la marcha. El ejercicio adecuado mejora dolor y función; no «gasta más» la articulación.
— Ortesis y calzado: plantillas, cuñas, tobillera o suela en balancín para corregir el apoyo y limitar el movimiento doloroso.
— Infiltraciones para los brotes de dolor, valoradas por el médico.
Cuando el dolor es incapacitante y no responde a un tratamiento conservador bien conducido, con gran limitación y desgaste avanzado. Existen varias opciones quirúrgicas según el caso. Pero la mayoría de las personas ganan años de calidad de vida antes de llegar ahí, si el tratamiento conservador se hace bien.
No necesariamente. Muchos pacientes controlan el dolor durante años con ejercicio, ortesis e infiltraciones. La cirugía se reserva para cuando estas medidas dejan de funcionar y la limitación es importante.
No. El ejercicio adecuado (bajo impacto y fuerza) mejora el dolor y la función. Lo que conviene evitar es el impacto repetido e intenso, no el movimiento.
Sí para aliviar: reparten mejor la carga y estabilizan el tobillo, aunque no regeneran el cartílago. Se valoran según tu pisada y tu alineación.
Porque la mayoría son postraumáticas: vienen de una fractura antigua o de esguinces e inestabilidad mal resueltos, no del envejecimiento.
Fuentes y guías clínicas de referencia. El contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Revisado por el equipo clínico de Clínica PROA.
¿Te preocupa el pie o el tobillo?
La Dra. Helena Garganté —fisioterapeuta y podóloga— valora el pie, el tobillo, la rodilla y la cadera como una sola cadena en la Consulta de Extremidad Inferior. Con enfoque conservador: primero, evitar el quirófano.
Primera valoración sin compromiso, en el centro de Sabadell.