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Pie y tobillo

Pie plano del adulto (tibial posterior): cuándo preocuparse

HG Por Helena Garganté· Agosto 2026· 7 min de lectura

Antes no tenías el pie plano y ahora sí: el arco interno se ha ido aplanando, te duele por dentro del tobillo y notas el pie «cansado». La causa más frecuente es el tendón tibial posterior, el principal tirante que sostiene el arco. En fases iniciales se puede frenar sin cirugía.

Qué es la disfunción del tibial posterior

El tendón tibial posterior es el «tirante» que sostiene el arco interno del pie y bloquea el mediopié al caminar. Con la sobrecarga repetida se va degenerando y perdiendo fuerza; cuando falla, el arco se aplana poco a poco y el talón se desvía hacia fuera. Es la causa más frecuente de pie plano que aparece en la edad adulta, y es un proceso progresivo, no una simple inflamación pasajera.

Señales de alarma

Dolor e hinchazón por la cara interna del tobillo, sensación de pie cansado, aplanamiento del arco que antes no tenías y, visto por detrás, «demasiados dedos» asomando hacia fuera. Una prueba muy orientativa: intentar ponerte de puntillas sobre un solo pie. Si no puedes o el talón no gira hacia dentro, conviene revisarlo.

Por qué conviene actuar pronto

Mientras la deformidad es flexible (el pie todavía se corrige con la mano), el tratamiento conservador tiene mucho que ofrecer. Si se deja evolucionar, puede pasar a una deformidad rígida, con menos margen para las medidas conservadoras. Por eso la clave es no ignorar los primeros síntomas.

El tratamiento conservador (primera línea)

En fases iniciales, las tasas de éxito con tratamiento conservador son altas:

Ortesis plantares a medida con soporte del arco interno (o una ortesis de tobillo en casos más avanzados) para descargar el tendón. Funcionan mejor las personalizadas que las plantillas planas.
Ejercicio de fortalecimiento, sobre todo excéntrico del tibial posterior, junto con estiramientos de la pantorrilla. La evidencia favorece combinar ejercicio y ortesis frente a usar solo una cosa.
Control del peso y del impacto en la fase de dolor, con vuelta progresiva a la actividad.

Se reevalúa a las 6-12 semanas. El objetivo es frenar la progresión y mejorar el dolor; el tendón dañado no «vuelve a ser nuevo», pero se puede controlar bien.

¿Cuándo se plantea operar?

Cuando el tratamiento conservador bien hecho fracasa tras varios meses, cuando el dolor es incapacitante o cuando la deformidad se ha vuelto rígida. Es una decisión del cirujano ortopédico, y llegar pronto a la valoración es lo que más ayuda a evitarlo.

Preguntas frecuentes

En fases iniciales suele controlarse sin cirugía: con ortesis y ejercicio se frena la progresión y mejora el dolor en la mayoría, aunque el tendón dañado no vuelve a su estado original.

Ayudan, pero funcionan mejor combinadas con fortalecimiento, sobre todo excéntrico. La evidencia favorece el tratamiento combinado frente a usar solo plantillas o solo ejercicio.

Conviene reducir temporalmente el impacto (correr, saltar) durante la fase de dolor y reintroducir la carga de forma progresiva, guiada por tu fisioterapeuta.

Una señal útil es no poder ponerte de puntillas sobre un solo pie. Si además el arco se aplana y duele la cara interna del tobillo, conviene una valoración para actuar mientras la deformidad aún es flexible.

Fuentes y referencias

  1. Kohls-Gatzoulis J, et al. Tibialis posterior dysfunction: a common and treatable cause of adult acquired flatfoot. BMJ, 2004;329:1328-33. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15576744/
  2. Gómez-Jurado I, et al. Orthotic treatment for stage I and II posterior tibial tendon dysfunction: systematic review. Clin Rehabil, 2021. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/

Fuentes y guías clínicas de referencia. El contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Revisado por el equipo clínico de Clínica PROA.

Redactado y revisado clínicamente por
HG
Helena Garganté
Fisioterapeuta · col. 11686
Podóloga · col. 2240
Profesora · Grado de Podología (UB)
Última revisión clínica: Julio 2026 · Clínica PROA · Sabadell (Vallès Occidental)

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La Dra. Helena Garganté —fisioterapeuta y podóloga— valora el pie, el tobillo, la rodilla y la cadera como una sola cadena en la Consulta de Extremidad Inferior. Con enfoque conservador: primero, evitar el quirófano.

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