Antes no tenías el pie plano y ahora sí: el arco interno se ha ido aplanando, te duele por dentro del tobillo y notas el pie «cansado». La causa más frecuente es el tendón tibial posterior, el principal tirante que sostiene el arco. En fases iniciales se puede frenar sin cirugía.
El tendón tibial posterior es el «tirante» que sostiene el arco interno del pie y bloquea el mediopié al caminar. Con la sobrecarga repetida se va degenerando y perdiendo fuerza; cuando falla, el arco se aplana poco a poco y el talón se desvía hacia fuera. Es la causa más frecuente de pie plano que aparece en la edad adulta, y es un proceso progresivo, no una simple inflamación pasajera.
Dolor e hinchazón por la cara interna del tobillo, sensación de pie cansado, aplanamiento del arco que antes no tenías y, visto por detrás, «demasiados dedos» asomando hacia fuera. Una prueba muy orientativa: intentar ponerte de puntillas sobre un solo pie. Si no puedes o el talón no gira hacia dentro, conviene revisarlo.
Mientras la deformidad es flexible (el pie todavía se corrige con la mano), el tratamiento conservador tiene mucho que ofrecer. Si se deja evolucionar, puede pasar a una deformidad rígida, con menos margen para las medidas conservadoras. Por eso la clave es no ignorar los primeros síntomas.
En fases iniciales, las tasas de éxito con tratamiento conservador son altas:
— Ortesis plantares a medida con soporte del arco interno (o una ortesis de tobillo en casos más avanzados) para descargar el tendón. Funcionan mejor las personalizadas que las plantillas planas.
— Ejercicio de fortalecimiento, sobre todo excéntrico del tibial posterior, junto con estiramientos de la pantorrilla. La evidencia favorece combinar ejercicio y ortesis frente a usar solo una cosa.
— Control del peso y del impacto en la fase de dolor, con vuelta progresiva a la actividad.
Se reevalúa a las 6-12 semanas. El objetivo es frenar la progresión y mejorar el dolor; el tendón dañado no «vuelve a ser nuevo», pero se puede controlar bien.
Cuando el tratamiento conservador bien hecho fracasa tras varios meses, cuando el dolor es incapacitante o cuando la deformidad se ha vuelto rígida. Es una decisión del cirujano ortopédico, y llegar pronto a la valoración es lo que más ayuda a evitarlo.
En fases iniciales suele controlarse sin cirugía: con ortesis y ejercicio se frena la progresión y mejora el dolor en la mayoría, aunque el tendón dañado no vuelve a su estado original.
Ayudan, pero funcionan mejor combinadas con fortalecimiento, sobre todo excéntrico. La evidencia favorece el tratamiento combinado frente a usar solo plantillas o solo ejercicio.
Conviene reducir temporalmente el impacto (correr, saltar) durante la fase de dolor y reintroducir la carga de forma progresiva, guiada por tu fisioterapeuta.
Una señal útil es no poder ponerte de puntillas sobre un solo pie. Si además el arco se aplana y duele la cara interna del tobillo, conviene una valoración para actuar mientras la deformidad aún es flexible.
Fuentes y guías clínicas de referencia. El contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Revisado por el equipo clínico de Clínica PROA.
¿Te preocupa el pie o el tobillo?
La Dra. Helena Garganté —fisioterapeuta y podóloga— valora el pie, el tobillo, la rodilla y la cadera como una sola cadena en la Consulta de Extremidad Inferior. Con enfoque conservador: primero, evitar el quirófano.
Primera valoración sin compromiso, en el centro de Sabadell.