Notaste un «latigazo» detrás del tobillo, quizá con un chasquido, y ahora no puedes empujar bien con el pie. Si es una rotura del tendón de Aquiles, la primera pregunta suele ser: ¿me tengo que operar? La evidencia actual es tranquilizadora: en muchos casos el tratamiento conservador bien hecho iguala a la cirugía, con menos complicaciones.
El tendón de Aquiles une los gemelos y el sóleo con el talón. Se rompe habitualmente unos centímetros por encima de su inserción, en una zona con menos riego, al someterlo a un impulso o frenazo brusco. Es típico del «deportista de fin de semana» de 30 a 50 años. Se pierde fuerza de empuje y aparece dolor, hinchazón y dificultad para ponerse de puntillas.
El diagnóstico es sobre todo clínico: hay pruebas de exploración muy fiables (como el test de Thompson, en el que al apretar la pantorrilla el pie no se mueve) y a menudo se palpa un hueco en el tendón. La ecografía es la prueba de imagen de elección para confirmar la rotura y ver si los extremos se acercan al poner el pie hacia abajo, un dato que ayuda a decidir el tratamiento. La resonancia se reserva para casos dudosos.
Durante años se operaba casi por sistema. Hoy sabemos que, con rehabilitación funcional temprana en ambos casos, los resultados se igualan mucho:
— El riesgo de que el tendón se vuelva a romper es algo mayor sin cirugía (en torno al 3,9% frente al 2,3%), una diferencia pequeña que se reduce con la rehabilitación funcional.
— Las complicaciones son claramente mayores con cirugía (infección, problemas de la herida).
— En fuerza, movilidad y vuelta a la actividad, los grandes estudios no encuentran diferencias relevantes.
Por eso hoy el tratamiento conservador funcional es una opción de primera línea para la mayoría; la decisión se toma de forma individualizada y compartida con el especialista.
Ya no es el yeso rígido de antes. Se usa una bota ortopédica con alzas en el talón que mantiene el pie hacia abajo para que los extremos del tendón se aproximen, y se permite cargar peso pronto de forma protegida. Las alzas se van retirando poco a poco hasta llevar el tobillo a posición neutra. En paralelo, fisioterapia progresiva: movilidad, fuerza gradual, propiocepción y, más adelante, trabajo del gesto deportivo.
La bota se lleva unas 8-10 semanas con retirada progresiva de las alzas. La rehabilitación completa ronda los 4-6 meses, y la vuelta al deporte de impacto suele situarse entre los 6 y los 12 meses, siempre de forma progresiva. La cirugía se plantea sobre todo si los extremos no se aproximan, en roturas antiguas, en re-roturas o en deportistas de alto rendimiento seleccionados.
En la mayoría de los casos sí. El tratamiento conservador con bota funcional y carga precoz ofrece resultados comparables a la cirugía, con menos complicaciones. La decisión se toma con el especialista según tu caso.
El riesgo de re-rotura es algo mayor sin cirugía (aproximadamente 3,9% frente a 2,3%), pero esa diferencia se reduce mucho con una rehabilitación funcional temprana y bien guiada.
La rehabilitación completa ronda los 4-6 meses y el retorno al deporte de impacto suele ser entre 6 y 12 meses, siempre de forma progresiva y guiada, sin garantizar la recuperación total de la fuerza.
No siempre. En muchos deportistas el tratamiento conservador funcional da buenos resultados. La cirugía se valora en casos seleccionados de alto rendimiento o cuando los extremos del tendón no se aproximan.
Fuentes y guías clínicas de referencia. El contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Revisado por el equipo clínico de Clínica PROA.
¿Te preocupa el pie o el tobillo?
La Dra. Helena Garganté —fisioterapeuta y podóloga— valora el pie, el tobillo, la rodilla y la cadera como una sola cadena en la Consulta de Extremidad Inferior. Con enfoque conservador: primero, evitar el quirófano.
Primera valoración sin compromiso, en el centro de Sabadell.