Te duele la parte de fuera del tobillo, justo por detrás del hueso externo, y empeora cuanto más te mueves. A veces notas un chasquido. Suele ser una tendinopatía de los peroneos, muy ligada a los esguinces y a la inestabilidad. Con el tratamiento adecuado, la mayoría mejora sin cirugía.
Los peroneos (peroneo largo y corto) son dos tendones que bajan por detrás del hueso de fuera del tobillo y ayudan a estabilizarlo y a girar el pie hacia fuera. Cuando se sobrecargan o se irritan, aparece dolor en la cara externa que empeora con la actividad. Si el tendón se «salta» de su sitio, puedes notar un chasquido.
La causa más frecuente es la sobrecarga, y muy a menudo aparece tras esguinces de repetición o con un tobillo inestable: los peroneos trabajan de más para compensar y acaban resentidos. También influyen el pie cavo o varo (con el tobillo tendiendo hacia fuera), la actividad deportiva con cambios de dirección y algunas variantes anatómicas.
La exploración localiza el dolor en el trayecto de los peroneos y valora la fuerza y la estabilidad. La ecografía es muy útil porque permite ver el tendón en movimiento y detectar si se subluxa; la resonancia valora la tendinopatía, posibles roturas y el edema. La imagen la firma el médico; nuestra valoración se centra en la función y en el plan de tratamiento.
La primera línea es claramente conservadora:
— Control de la carga y reducción temporal de lo que dispara el dolor.
— Ejercicio progresivo de fuerza, con énfasis en el trabajo excéntrico (la fase de frenado controlado es la que más ayuda al tendón) y en la eversión del pie.
— Trabajo de equilibrio y propiocepción para corregir la inestabilidad de base.
— Plantillas si hay pie cavo o varo que sobrecarga los peroneos, y tobillera o vendaje en fases iniciales.
Suele notarse mejoría del dolor en las primeras 2-4 semanas, y las ganancias de fuerza llegan entre la 4.ª y la 8.ª.
Cuando el tratamiento conservador bien hecho no funciona, cuando hay una rotura significativa del tendón o cuando los peroneos se luxan de forma repetida. Son la minoría de los casos.
En muchos casos el dolor mejora con un programa progresivo de fuerza, sobre todo excéntrica, sin necesidad de cirugía. El tiempo varía según la cronicidad y si hay inestabilidad asociada.
Los peroneos trabajan de más para estabilizar un tobillo que quedó inestable tras el esguince, y esa sobrecarga los irrita. Por eso el tratamiento incluye recuperar la estabilidad.
Pueden ayudar si tienes el pie cavo o varo o inestabilidad, como parte del tratamiento. No son imprescindibles en todos los casos; se valoran según tu pisada.
Que se sale de su canal detrás del hueso externo y vuelve, lo que produce un chasquido. La ecografía dinámica lo detecta bien; si es recurrente, a veces requiere valoración quirúrgica.
Fuentes y guías clínicas de referencia. El contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Revisado por el equipo clínico de Clínica PROA.
¿Te preocupa el pie o el tobillo?
La Dra. Helena Garganté —fisioterapeuta y podóloga— valora el pie, el tobillo, la rodilla y la cadera como una sola cadena en la Consulta de Extremidad Inferior. Con enfoque conservador: primero, evitar el quirófano.
Primera valoración sin compromiso, en el centro de Sabadell.